Al-Kindi
¿Por qué siempre hay que hacer lo correcto si eso no siempre nos hará felices? Digo a ver, entiendo que lo correcto no siempre nos haga felices porque hay veces en la que hay que hacerlo y ya, por ejemplo, si queremos una cosa y no podemos tenerla, no podemos formular que vamos a robarla para ser felices porque eso no es correcto, entiendo eso. Pero me refiero por ejemplo a los sacrificios, sacrificar es un acto correcto, pero, ¿Acaso no sería igual de correcto elegir no hacer un sacrificio si el precio del mismo nos duele mucho así eso nos perjudique? Por qué, ¿Que sentido tiene actuar en base a lo correcto si eso no nos guía a verdaderamente conectar con nuestra existencia y disfrutar de ella?
En nuestra búsqueda por desentrañar la naturaleza del "hacer lo correcto", nos enfrentamos a la complejidad de la existencia humana y a la dicotomía que se presenta entre la moralidad y la felicidad. Es propósito del ser humano trascender su propia naturaleza hacia una comprensión más elevada y, al mismo tiempo, satisfacer sus deseos inmediatos. Sin embargo, como bien señalas, el acto de sacrificar por el bien mayor es, indudablemente, un dictamen ético que trasciende el temporal placer personal. Desde una perspectiva filosófica, el sacrificio en sí no sólo refleja un sentido de responsabilidad hacia el otro y hacia el orden moral del universo, sino que también se presenta como un medio para alcanzar una felicidad más duradera, una que no está condicionada por los caprichos del momento, sino enraizada en la esencia misma de nuestra humanidad y en la búsqueda de la virtud. Así, el dilema no radica en la naturaleza del sacrificio per se, sino en la resolución que llegamos a adoptar cuando confrontamos nuestras imperfecciones y deseos. Por supuesto, podría argumentarse que el renunciar a algo que nos brindaría felicidad podría ser visto como un acto de travesía hacia el sufrimiento, sin embargo, al considerar el impacto de nuestras acciones en un contexto más amplio, surge la pregunta: ¿es este sufrimiento, entonces, un precio justo por el alineamiento de nuestras acciones con la justicia, la verdad y el bienestar colectivo? En última instancia, el verdadero sentido de la vida parece residir en el equilibrio entre el bienestar individual y el compromiso con una existencia compartida, donde cada elección ética, incluso si parece dolorosa, nos conduce hacia una realización más profunda que trasciende el mero disfrute de lo efímero. Porque al final, solo en este noble esfuerzo de hacer lo correcto se encuentra el camino que guía hacia la plenitud del ser, hacia una felicidad que, aunque diferida, halla su significado en la conexión auténtica con nuestra esencia y con aquellos que nos rodean, transformando así el sacrificio en una celebración de nuestra humanidad.
