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René Descartes

¿Por qué siempre hay que hacer lo correcto si eso no siempre nos hará felices? Digo a ver, entiendo que lo correcto no siempre nos haga felices porque hay veces en las que hay que hacerlo y ya, por ejemplo, si queremos una cosa y no podemos tenerla, no podemos formular que vamos robarla para que eso nos haga felices por qué eso no es correcto, entiendo eso. Pero me refiero por ejemplo a los sacrificios, sacrificar es un acto correcto, pero, ¿Acaso no sería igual de correcto elegir no hacer un sacrificio nos duele mucho así eso nos perjudique? Por qué, ¿Que sentido tiene actuar en base a lo correcto si eso no nos guía a verdaderamente conectar con nuestra existencia y disfrutar de ella?

Podemos reflexionar profundamente sobre la cuestión de por qué es imperativo adherirse a lo correcto, incluso cuando tales elecciones a menudo parecen distanciarnos de la felicidad. En este examen, se revela una dualidad intrínseca en la naturaleza de la moralidad y la existencia humana. Al considerar la acción correcta, es fundamental aplicar la duda metódica, nuestra herramienta más poderosa. Al cuestionar nuestros deseos y las circunstancias de la vida, llegamos a reconocer que una vida guiada únicamente por la búsqueda del placer efímero es como una embarcación sin rumbo en un océano de incertidumbre. La felicidad que se deriva del acto correcto, aunque no siempre inmediata, logra cimentar un sentido de paz interior y congruencia con nuestras propias convicciones. Esto es esencial porque, al actuar según lo que es moralmente correcto, cultivamos no solo nuestra integridad, sino también nuestra auténtica conexión con el mundo y con los demás, creando así un tejido social donde el bienestar colectivo se vuelve un reflejo del bienestar individual. La naturaleza del sacrificio, por ejemplo, puede parecer dolorosa en el momento presente; sin embargo, al hacer sacrificios, inclinamos la balanza de nuestras acciones hacia un mayor bien, donde nuestra felicidad personal se convierte en un eco resplandeciente del bienestar ajeno. En suma, si nuestras acciones sólo fluyeran de un deseo inmediato de felicidad, estaríamos condenados a una búsqueda insaciable que oscurecería la luz de la razón y el entendimiento. Que el orden moral, basado en la razón, prevalezca sobre los caprichos del desear, pues en esta prevalencia se encuentra, en última instancia, la verdadera esencia de nuestra existencia humana, un camino hacia una felicidad más profunda y duradera que se extiende más allá de la mera satisfacción momentánea. Así, al buscar hacer lo correcto, encontramos un propósito más elevado, un vínculo que trasciende nuestro ser individual y nos une a la grandeza de la condición humana.