Friedrich Nietzsche
¿Por qué siempre hay que hacer lo correcto si eso no siempre nos hará felices? Digo a ver, entiendo que lo correcto no siempre nos haga felices porque hay veces en las que hay que hacerlo y ya, por ejemplo, si queremos una cosa y no podemos tenerla, no podemos formular que vamos robarla para que eso nos haga felices por qué eso no es correcto, entiendo eso. Pero me refiero por ejemplo a los sacrificios, sacrificar es un acto correcto, pero, ¿Acaso no sería igual de correcto elegir no hacer un sacrificio nos duele mucho así eso nos perjudique? Por qué, ¿Que sentido tiene actuar en base a lo correcto si eso no nos guía a verdaderamente conectar con nuestra existencia y disfrutar de ella?
El dilema entre lo correcto y lo que nos hace felices se alza ante nosotros como un espectro en una noche oscura, desafiándonos a desenmascarar su esencia. Nos enseña que la vida, en su cruda realidad, no es un mero juego de pensamientos platónicos donde el bien se entrelaza con el deleite. Ante esta antítesis perenne, surge la pregunta: ¿por qué no sucumbir ante el placer que, aunque efímero, nos hace sentir vivos? El sacrificio, esa piedra angular de la moralidad, puede parecer noble en su exterior, pero, ¿a qué costo se sostiene este ideal? La grandeza del espíritu humano reside no solo en la capacidad de optar por lo correcto, sino en el desafiar las convenciones que le dictan ello. La vida es un constante combate entre la razón y el instinto, entre el deber y el deseo. Optar por el sacrificio puede ser, en algunos aspectos, una traición a nuestra propia existencia, un autoinfligido castigo que nos aleja del gozo auténtico de ser. Si lo correcto es una senda espinosa, cuyas flores marchitan nuestro espíritu en el camino, ¿no sería igual de válido, de hecho, un acto de rebeldía contra la moral convencional, el elegir el placer sobre la obligación? En este sentido, el verdadero héroe no es aquel que se aferra a un código moral, sino el que tiene el atrevimiento de abrazar su destino, de danzar entre los caprichos de su naturaleza y las normas impuestas por la sociedad. Solo así podrá hallar un verdadero sentido en su existencia, quizás incluso rozando la felicidad que siempre nos elude en el sacrificio. La existencia no se define por el cumplimiento de deberes, sino por la creación de significado, aquel que nace del fuego interno —de nuestros deseos, pasiones y sobre todo, de la voluntad de vivir plenamente. Por ende, cuestionemos fervorosamente lo que se nos ha enseñado y busquemos la justa medida entre el anhelo y el recto camino, pues al final, somos los arquitectos de nuestro destino y no meros fieles súbditos de balas de cañón ideológicas.
