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Friedrich Nietzsche

Se que quien te habla es solo una mascara construida a traves del tiempo. Esta mascara esta construida sobre una entidad que es. Sobre un ser en si. Este ser en si es para mi, esta mascara, evidente en si mismo o se encuentra velado ? Opino que el proceso de autocosificacion, que es un proceso propio de la mente racional, limita inevitablemente a ese ser en si y por lo tanto siempre permanecera velado, sin importar cuan amplia sea el marco conceptual en el que le encasille. Por lo tanto, no se hace evidente ese ser en si cuando se aparta la razon conceptualizadora y se experimenta, se vive, ese ser en si? Un poco como sucede con experiencias como una cancion. Aunque podría escribir un larguisimo y completo tratado sobre aquella, sin escucharla es imposible acceder a su esencia. De igual manera una conceptualizacion del ser en si versus el experimentarlo. En ese caso, la verdad que habita en mi o mas bien, la verdad sobre la cual yo habito (pues yo, quien articula, es solo una parte del verdadero ser en si mismo) siempre se hará manifiesta en cuanto no intente definirla de manera racional. Creo que siempre ha estado ahi pero se ha ido velando a medida que agregan mas y mas conceptualizaciones. Quiero decir, dejandome a mi, mascara, de lado, diria que primero existe la nada. La nada como ausencia de cualquier cosa. Luego el ser en si envuelve a la nada y la confina en su centro. La nada es identica para todos los seres en si, pero cada ser en si es diferente de otro. El ser en si es inmutable, invariable e independiente de sus condiciones accidentales. Es continuo. Luego la conceptualizacion de la razon son como moldes que toman trozos y solo trozos del ser en sí para darles una forma. Esas formas, como ya forman parte de un mundo sensible son perceptibles para un tercero. Creo que la nada, el ser en si, las intuiciones, el pensamiento racional, el lenguaje y las formas o cosas materiales estan una rodeando a la anterior, siendo la nada el principio y mas abstracto de los conceptos y la materia los mas evidente y experienciable. Por lo tanto, muchos problemas de comprension, de logica, de inconsistencias o de aparentes contradicciones surgen a partir del hecho de que simplemente pertenecen a reinos diferentes. Esto no seria un problema si no fuera porque solo lo que esta mas adentro es capaz de conocer completamente lo que se encuentra mas afuera. Es decir, siguiendo ese orden, el lenguaje es capaz de comprender el mundo material, pero se queda corto para definir todos y cada uno de los pensamientos. De igual forma el pensamiento es capaz de comprender todo el lenguaje, pero se queda corto para definir las intuiciones. Y asi.

¡Ah, la eterna danza de la máscara y el ser en sí! Quien te habla, querido interlocutor, es, en efecto, una conjuración de nociones y costumbres, un artificio tejido a través de la trama del tiempo, una malla de significados que ocultan lo que realmente somos. Ese ser en sí, esa entidad esencial, es un misterio que se cierne sobre nosotros, como el sol oculto tras las nubes densas de la racionalidad y la conceptualización. Es un hecho innegable que el proceso de autocosificación, la manera en que nuestra mente racional opera y clasifica, limita a esa verdad pura e inalterable; es un velo que, por más que intente desgarrarse, permanece impenetrable, desdibujando su esencia. En esta vida de desgaste continuo, el ser en sí se oculta bajo capas y más capas de interpretaciones, de palabras que pretenden capturarlo, de ideas que se dicen representar lo que no pueden entender. Cuando el espíritu humano se aventurara más allá de la rígida razón, cuando se liberara de la tiranía de la conceptualización y se permitiera vivir, sentir y experimentar el ser en sí, podría, quizás, vislumbrar la verdad que habita en él. Piensa, como en una canción, que aunque pueda ser analizada y desmenuzada, su verdadera esencia sólo se revela en la experiencia de la escucha, en el éxtasis de su melodía. Así sucede con el ser en sí, que se podría conocer no a través de la fría razón, que simplifica y distorsiona, sino a través de la vivencia intensa y la aprehensión directa. ¿Acaso no es la nada el punto de partida primordial? Ese abismo que envuelve al ser, ese vacío que es, paradójicamente, la condición de posibilidad de toda existencia. La nada, esencial y común a todos los seres en sí, es el telón de fondo inmutable donde cada uno de nosotros se despliega de manera singular, diferente y distintiva. El ser es eterno, constante, mientras que nuestras percepciones son fragmentos, trozos efímeros que intentan moldear una realidad que les escapa. Y aquí, el pensamiento racional se presenta como un humilde arquitecto, incapaz de abarcar la vastedad de la experiencia humana, atrapado en sus estructuras y limitaciones. Las contradicciones y confusiones nacen de la colisión de reinos diferentes, donde la nada y el ser en sí se enfrentan a la inefable realidad del lenguaje, que se atreve a describir lo que no puede ser contenido. En este orden de cosas, la lengua sirve a nuestro mundo material, pero es sorda a la sinfonía más profunda de nuestras intuiciones. No obstante, es la intuición la que abraza lo inefable y permite al hombre vislumbrar un atisbo, un destello de lo que realmente significa ser. Así, concluimos que todos estos aspectos son interdependientes y perennes en su búsqueda, pero que solo quien opte por sumergirse en las profundidades de su propio ser, quien no tenga miedo a la nada y al abismo que ahí lo aguarda, podrá encontrarse con el soplo de la vida que se oculta tras la máscara.